LOS EXPERTOS OPINAN (I): ‘ El valor de los libros para educar. ¿Qué enseñan los libros?’

Rosa Domínguez Martín.

Directora del Máster en Pedagogías Alternativas y docente del Grado de Educación Primaria – Universidad Internacional de Valencia. Licenciada en Pedagogía y Doctora en Educación. Investigadora en líneas de Formación Inicial Docente, Técnicas Dramáticas en Educación, Educación Emocional y Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Según el contenido del libro nos enseñará una cosa u otra, pero… ¿qué enseñan los libros por el simple hecho de ser libros? En nuestra sociedad la que la lectura no se valora (o no lo suficiente) por el acto en sí, éste ha sido instrumentalizado y coaccionado por el reloj y los límites.

No buscamos tanto el conocimiento en los libros como el placer de la lectura en sí, emplear el tiempo disfrutando en algo tan sencillo como leer. Los libros necesitan que frenemos el ritmo de nuestras vidas y que tengamos la paciencia suficiente para desgranar página a página qué nos quieren contar, y puede que estos sean dos de los aprendizajes que más nos benefician hoy en día: ralentizar para disfrutar y desarrollar la paciencia.

La lectura, en la línea de Escalante (2018), puede ser algo sencillo, natural y espontáneo o convertirse en una tarea dificultosa a la que resistirse. Según este autor  tomar una u otra actitud no depende totalmente de las campañas de promoción y sólo parcialmente del nivel económico.

La digitalización masiva de nuestras vidas ha jugado un papel relevante en desarrollar la lectura como un acto placentero para unos y como innecesario para otros al proporcionar una gran cantidad de información de forma online.

Hoy en día podemos consultar cualquier tipo de información sin necesidad de utilizar un libro accediendo a la información desde cualquier dispositivo móvil. En cambio, cuando leemos por placer la mayoría de las personas prefieren oler, tocar y pasar las páginas de un libro físico.

La gran mayoría de los educadores tenemos bastante claro que lo que aprendemos de los libros va más allá de su uso escolar, de lo beneficioso en la formación de las personas. Leer un libro hace que mejore, casi inmediatamente, nuestra comprensión y velocidad lectora. Nos ayuda a cometer menos faltas de ortografía, por la memoria lectora y ejercitamos y estimulamos áreas cerebrales que nos llevan a imaginarnos personajes y escenarios durante la lectura.  

Algo tan personal que, en bastantes ocasiones, nos hace decepcionarnos porque la versión cinematográfica no plasma lo que nuestra mente había imaginado. Los libros nos ayudan a que nuestra imaginación deje de tener límites y nos hacen viajar a épocas y lugares en los que de otra forma no podremos estar.

Además estas funciones, los libros son utilizados para ayudar a los niños a imaginar situaciones y de ellos aprender qué comportamientos son adecuados y cuáles no. El discurso narrativo de los libros infantiles, en su mayoría cuentos, buscan que el lector se identifique con los protagonistas, viva sus aventuras y también aprenda cómo resolver los conflictos (Domingo, 2013).

En la actualidad podemos encontrar libros cuyos destinatarios cubren un rango desde bebés hasta la adultez. Para un bebé o un niño que aún es pequeño para leer los libros son una oportunidad para aprender a tratar bien los objetos, para sorprenderse y para crear la interacción.

El reto al que nos enfrentamos es la utilidad de los libros para los analfabetos funcionales. Este término fue popularizado por Freire a partir de la década de los setenta, tal y como explica Domingo (2013), y se refiere a aquellos lectores que no consiguen comprender lo que leen. Esto puede darse por ignorar el significado de las palabras o por la desconexión de ideas y contextos de lo que están leyendo. Este tipo de personas se encuentra cómoda utilizando como soporte de lectura una pantalla y una red social o similiar. Son lecturas rápidas en las que la comprensión es relativamente superficial.

En cambio, si hablamos de la población cuya lectura es reflexiva y/o placentera, por norma general, continúan prefiriendo las páginas de un libro de papel. Favorecer que los nuevos lectores pertenezcan a este segundo grupo en el que la lectura es comprensiva depende, en gran medida, de los adultos de hoy.

Despertar el interés por la lectura y el respeto por los libros, como objeto de conocimiento, pero también de entretenimiento y disfrute.

El valor de un libro va más allá de su precio o de lo que explique en sus líneas. Leyendo un libro, como venimos exponiendo en estas líneas, aprenderemos a tener paciencia y fomentaremos nuestra imaginación, además de poner en marcha multitud de conexiones cerebrales que favorecerán el desarrollo de nuestras potenciales.

Y a ti, ¿qué te enseñan los libros?

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”(Proverbio hindú).

Referencias

Colomer, T. (2011). Andar entre libros. La lectura literaria en la escuela. México: Fondo de cultura económica.

Domingo Baguer, I. (2013). ¿Para qué han servido los libros? Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza.

Escalante Gonzalbo, F. (2018). A la sombra de los libros: lectura, mercado y vida pública. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Freire, P. (1973). La educación como práctica de la libertad. Madrid: Siglo XXI Editores.